Flor de ceibo.

Hago un alto en el camino, a la sombra veraniega del jacarandá, asediado por jardines frondosos en el barrio de las casas blancas.
Y ahí surge ella, Anahí, inevitable, morena, frágil y rotunda a la vez, como pantera negra de ojos celestes, envuelta en perfume del Paraná.
Se me acerca, de frente, por la misma acera, que parece estrecharse de rubor.

Anahí es como esa melodía musical que se mete en el cerebro y la repites una y otra vez sin poder sacártela de encima. Es memoria en estado puro, siempre dispuesta a recordármelo. Obsesión mal curada, permanece como mi sombra al caminar, unas veces delante otras detrás, pero siempre ahí, para que no la olvide. Anahí, que profesa la calma como un valor ornamental, es esa persona obligada a permanecer lánguidamente inmóvil, frente a un espejo, peinándose una y otra vez, sacando brillo azabache de su cabello.

Por las noches cuando no puedo dormir, la recorro curva por curva, voy por un mechón, bajo por un rizo, me descuelgo por el lóbulo de su oreja y caigo en la redondez de su hombro, perdiéndome en un sueño donde la puedo recorrer curva por curva, ir por su mechón, bajar por un rizo...

Viene convertida en memoria reflejada, repiquetean sus pasos al pasar junto a mí, casi rozándome pero sin mirarme. Anahí aparece y se esfuma sin que pueda aprehender lo importante de su esencia.
Luego de unos instantes sin pestañear, continúo mi camino, sobre la acera muda, tratando de recordar a donde iba.


La flor de ceibo.
Busco desconsolado
la vez perdida.
Acaricio en los sueños
el vano despertar.



Yama (Estella - Lizarra)

3 comentarios:

Toñi dijo...

Me encantan esas palabras tan sabrosas que me llevan lejos, lejos y me hacen soñar con un lugar exótico. Un viaje por los sueños, los deseos y la sensualidad.

Hermoso haibun, Yama.

Un beso. Toñi

Lola Torres Bañuls dijo...

Hola Yama:
La prosa es suave y delicada y además es melodiosa, musical.

El tanka es precioso.

Me ha gustado mucho.

Un saludo

Alberasan dijo...

Chapó maestro ¡reto conseguido! Lo he vivido ¿o quizás debo decir lo he sufrido? Porque uno no puede evitar ponerse en la piel del narrador ¡cuántos aromas agridulces, deja esta lectura!
Por recordar unas pinceladas: Anahí inevitable, memoria en estado puro, la calma como un valor ornamental, memoria reflejada.
En cuanto al tanka… no puedo opinar, si ya no sé mucho de haiku y relato, del tanka nada de nada.
Enhorabuena Yama